El Papa llama a una «paz desarmada y desarmante»
El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del Papa León XIV, que se celebra el 1 de enero, comienza evocando el saludo inaugural de su pontificado, que no es otro que el de Jesús Resucitado: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante».
El Pontífice recuerda que «Cristo, nuestra paz», aquel que «venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos» (cf. Ef 2,14), es el Buen Pastor.
«La paz tiene el aliento de lo eterno -dice el Papa-; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado».
Citanto a san Agustín, el Papa recuerda su llamada a las comunidades cristianas a vivir la paz: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás» (Sermón 357, 3).
De este modo, León XIV exhorta a toda la humanidad a abrazar la paz: «Ya sea que tengamos el don de la fe o que nos parezca no tenerlo, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en lugar de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino».
Una paz desarmada
En su mensaje, el Papa hace referencia a la paz desarmada del Señor, evocando sus palabras: «Envaina tu espada» (Jn 18,11). Reitera que «desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas», y subraya que los cristianos, unidos, deben ser testigos proféticos de esta novedad, recordando también «las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices».
Asimismo, León XIV recuerda que hace 60 años el Concilio Vaticano II concluyó con la conciencia de la urgencia de un diálogo entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. «Al reiterar el llamamiento de los Padres conciliares y valorar la vía del diálogo como la más eficaz en todos los niveles, constatamos cómo el ulterior avance tecnológico y la aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito militar han radicalizado la tragedia de los conflictos armados», afirma.
El Papa denuncia además «un proceso de desresponsabilización de los líderes políticos y militares, motivado por el creciente “delegar” en las máquinas decisiones que afectan la vida y la muerte de personas humanas». Se trata, advierte, de «una espiral destructiva, sin precedentes, del humanismo jurídico y filosófico sobre el que se apoya y desde el que se protege toda civilización».
Una paz desarmante
En la tercera parte del mensaje, el Pontífice hace referencia a la bondad de Dios que se hace niño en la Encarnación y que «se manifiesta en el pesebre de Belén».
En este contexto, lanza un llamado a las religiones para que presten «un servicio fundamental a la humanidad que sufre», vigilando «el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas». Las grandes tradiciones espirituales -señala-, junto con el recto uso de la razón, conducen a superar los lazos de sangre o étnicos y las fraternidades que solo reconocen al semejante y excluyen al diferente.
«Quienes están llamados a responsabilidades públicas -exhorta el Papa-, en las instancias más altas y cualificadas, procuren examinar a fondo cómo lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio más humano, fundado en la confianza recíproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas».
León XIV invita también a «motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes fatalistas».
Finalmente, expresa su deseo de que, como fruto del Jubileo de la Esperanza que está concluyendo, todos puedan redescubrirse como «peregrinos» y comenzar en sí mismos «ese desarme del corazón, de la mente y de la vida, al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas».



